lunes, 26 de noviembre de 2012

Trabajo final IDyDR


Alba Patricia Zurita Núñez
06-11-2012
Imagen Digital y Dibujo de Representación

Actuando para animación

Las técnicas de actuación han variado enormemente. La más conocida técnica es la propuesta por Constantin Stanislavski, donde el actor entiende el pensamiento y actuar del personaje y por lo tanto lo vive a través de sí, cada función.
En contraste, los actores japoneses del Nō y kabuki, hacen patentes determinados estados de ánimo por medio de gestos simbólicos, bien de gran sutileza o deliberadamente exagerados, dominando una técnica formal y corporal.
Diderot propuso la técnica formal, en la que el actor por medio de su cuerpo y sus gestos dan a entender la emoción.
Leon Battista Alberti, en su tratado de la pintura afirmaba que “los movimientos del alma sean reconocidos por medio de movimientos del cuerpo (…) Hay movimientos del cuerpo: crecer, encogerse, quejarse, mejorarse, moverse de un lugar a otro. Los pintores queriendo mostrar movimientos de la mente con los movimientos de las partes del cuerpo, usamos sólo los movimientos de un sitio a otro” 1
Sin embargo, todos los aditamentos y posibilidades serían inútiles sin la presencia de un actor preparado para personificar el carácter de cada personaje que se presente durante su carrera. Por tal motivo el actor es entrenado para sentir lo que siente el personaje, y entonces poder convertirse verdaderamente en el personaje a través de las expresiones y los gestos que realice. Es esta autenticidad la que separa a los buenos actores y animadores del resto, ya que en lugar de representar las emociones las recrean desde el sentimiento.
Los actores entonces manejaban un sistema de poses con las que enseñaban al público que experimentaban una u otra emoción en lugar de sentirla. Por ejemplo Francois Delsarte manejaba a mediados del siglo XVII una teoría de la actuación basado en poses y signos físicos llamada Sistema Delsarte de expresión.
No fue sino hasta 1897 que el actor Konstantin Stanislavski, descubrió cómo un actor puede acceder a sus emociones y expresarlas en el escenario y desarrolló el método llamado la Teoría de la acción psico-física, bajo la influencia de Freud y Pavlov. Siendo éste el primer entrenamiento profesional de actuación.
El método de Delsarte entonces muestra cómo debería comportarse el actor si estuviese sintiendo algo mientras el método de Stanislavski hace que el actor sienta y por ende sus gestos son naturales expresiones de la emoción.
Lo que Stanislavsky justamente aborrecía era la actuación vaga, general, no definida por parte del actor. Exigía que se actuara con finalidad, con propósito; exigencia ésta muy justa en una época que aún sufría la influencia del teatro patético, externo, declamatorio, falso, de la escuela francesa ,de 1870. Para lograrlo, Stanislavsky idea una serie de ejercicios que ayuden al actor a fijar la situación dramática. Cuando pide a un alumno que cierre en escena una puerta, la reacción inmediata de éste debe ser: ¿Por qué debo cerrar la puerta? Porque tengo que decir un secreto a alguien. No, no a alguien; debo definir a quién. Es el combate de Stanislavsky contra el "algo y alguien", contra la situación ambigua. Y dentro de la mera acción de cerrar una puerta caben infinitos matices.

Actualmente ha habido grandes transformaciones del trabajo de Stanislavsky destacando las propuestas de Antonin Artaud, Jerzy Grotowsky, Etienne Decroux y Eugenio Barba. Estas técnicas, llamadas actualmente extracotidianas implican una compleja síntesis de los signos escénicos.

Animación es el resultado del proceso de tomar una serie de imágenes individuales continuadas, y relacionarlas en una secuencia de tiempo determinado, de forma que den la impresión de movimiento continuo. Se decir, que den la idea de vida.
La animación comparte sus orígenes entre las historietas dominicales del periódico y los espectáculos de Vodevil tanto como del surgimiento del cinematógrafo. Éste surgimiento tan variado ha mostrando que desde sus orígenes se trata de una especialidad multidisciplinaria con grandes posibilidades de crecimiento.
Antaño, los animadores se formaban a base de dibujo. Para el desarrollo de personajes existen innumerables posibilidades (incluso infinitas) para trabajar, por ejemplo gruesas líneas negras sobre un fondo liso y blanco, sketches caricaturescos, gises y lápices de colores.  De esta misma forma cada técnica y estudio procura tener su propio estilo de diseño que solucione las necesidades de expresión necesarias para el tipo de animación que realicen, lo que permite identificarlos con facilidad.
A través de estas técnicas varias es que los animadores han trabajado por mucho tiempo en la creación de sus personajes. Existen métodos más estructurados que otros al momento de desarrollar un personaje, sin embargo se promueve siempre el mantener las mismas características principales del personaje durante toda la animación.

El dibujo fue y sigue siendo un requisito indispensable para ser animador pues no importa si se trata de una animación 2 o 3D, si se harán dibujos o se crearán personajes, puesto que es la manera más rápida y eficaz de plasmar y comunicar las ideas que se pretenden desarrollar en la animación.
Claro que al hablar de animación, nos enfrentamos con que el dibujo no es una forma aislada y autosuficiente que nos proporcione toda la información, sino que obtiene su forma a través de varios elementos o partes que al relacionarse unos con otros producen un montaje, que es el resultado total de la película. Cada cuadro y cada dibujo están en función de los demás, con lo que dan cumplimiento a la razón de ser de la animación ya que dependen entre sí para completarla.
Es necesario un paso atrás, voltear a ver los inicios de la animación, para encontrar esa magia que les dio tanta fuerza. ¿Qué hizo Disney para llegar hasta ahora y que sus películas se sigan considerando fabulosas? ¿En qué radica el éxito que siguen teniendo los personajes de  Warner Bros., los Luney Tunes? En mi opinión es al empeño que pusieron sus animadores al desarrollar a sus personajes y no solamente en cuanto a su diseño sino en la animación.
Los primeros retomaron a personas reales que ayudaran a desarrollar el movimiento para hacerlo lo más creíble posible, mientras que los segundos toman un camino diferente expresando de manera exagerada cada aspecto de sus personalidades.
En los inicios de la industria de la animación dentro de las grandes productoras, cada animador se había formado dentro de diferentes entornos y bajo diferentes estilos, por lo que al tratar de unificar el trabajo de una secuencia animada a otra resultaba algo complicado. Es entonces que se tiene la idea de hacer un modelo de cómo debe lucir el personaje a lo largo de la historia, lo que se llama comúnmente hoja modelo.

La animación no se trata de la obra resultante de un momento sino que intervienen diversos factores que deben ser previamente planteados y planeados como el manejo del tiempo, el sonido y el espacio con el que se trabaja. Hay distintas maneras de acercarse a la animación, una de ellas es a través del desarrollo de los personajes. Ya sea en su diseño o dándoles vida, el animador tiene la tarea de crear actuaciones creíbles y memorables.
Sin embargo no se considera con vida tener una pelota rodando por el suelo, o una bandera ondeando al soplar el viento. Aunque es esencial, no es el movimiento solo, sino la acción, la que sugiere la existencia de vida puesto que la acción supone voluntad y determinación, y por lo tanto, la posibilidad de cambiar.
Sucede lo mismo con los actores que muestran su habilidad frente a la pantalla, mientras que puede darse por sentado en la animación pues el esfuerzo realizado tras la pantalla no se destaca a menos que sea una mala actuación.
“Un animador es un actor con un lápiz” dice el refrán más viejo y cierto del animador, no un dibujante que actúa. Hay que considerar que si se encuentra narrando una historia a través de un personaje, inevitablemente se es un actor.
El mundo del teatro maneja desde sus inicios, en diferentes épocas y culturas, la idea fundamental de la ilusión puesto que la mayor parte de las obras buscan ser lo más creíbles posibles a través de personajes que parezcan reales y espacios ambientales que se vean verdaderos. Un buen ejemplo es el teatro occidental a partir del Renacimiento o el cine contemporáneo.
Actualmente muchos se encuentran dominando las bases de la animación para que el personaje se mueva. Pero la animación se trata de tener nuevas ideas, además de convencer y entretener al público, no hacer lo que ya se ha hecho aunque se vea muy bien animado. No por haber dominado las poses o los pasos se es un animador. No es suficiente con hacer mover a un personaje para que éste cobre vida. Es necesario hacerlo pensar, hacerlo sentir, hacerlo actuar.
Sin duda que esto representa un desafío. El primer problema parece generarse sobre todo en la diferente concepción que se tome de la actuación dentro de la animación. Para muchos, basta con que un personaje se mueva de acuerdo al peso que representa para considerar que actúa. Para otros, se determina por la capacidad que tenga el personaje de gesticular, por lo que mientras más expresiones mejor será la interpretación.
Partiendo de este punto de vista, la tecnología no puede más que ocupar un segundo plano, el de herramienta. Hay una herramienta que es aún más importante: el cuerpo del personaje. Su función está destinada por lo tanto a facilitar dicha expresión. No a ser el mensaje, ni a acaparar la atención del mismo. Sin dudas que un buen manejo de las herramientas contribuirán a un mejor resultado, pero no son estas las que determinan la calidad del contenido, ni mucho menos las que lo generan. Un buen animador no puede limitarse al tecnicismo.
No obstante en los últimos años, mientras se ha dado un gran progreso en la tecnología, el arte de actuar en la animación se ha abandonado. Los personajes de ahora son pálidos, insulsos y faltos de personalidad. Sólo las habilidades vocales de los actores de doblaje, al desarrollar una interesante voz, logran salvar el día en conjunto con lo que viene plasmado desde el guion.
El uso de la tecnología ha creado diversas necesidades que anteriormente no existían al mismo tiempo que ha solucionado otras. Dentro de la animación abrió un nuevo mundo para los realizadores, permitiendo crear personajes más reales y a través del código economizar tiempo, dinero y esfuerzo. No obstante, en los últimos tiempos, los animadores amateur sólo se dedican a aprender a utilizar el software más reciente o al menos a su alcance.
Para tener la posibilidad de representar de la manera más apegada posible las emociones humanas en los personajes de animación, considero necesario tomar en cuenta que un factor importantísimo para conseguirlo es el conocer los códigos de comunicación principales del público. Esto es porque no todas las culturas relacionan del mismo modo ciertos gestos faciales y al mismo tiempo podemos ver una animación americana, europea, hindú o japonesa y comprender las emociones que se tratan de trasmitir para conmovernos.
Sin embargo, la personalidad no es algo tan simple y directo, existen múltiples medios, como pruebas con dibujos/fotografías y cuestionarios, para identificar la combinación más cercana que presenta nuestra personalidad, ya que  al combinar los componentes aparecen ocho tipos caracterológicos:
De lo anterior se puede entender que la caracterización no se inicia con la apariencia sino que viene del interior. Un personaje memorable no depende sólo del diseño visual, pues no depende de que tan bien esté dibujado el hecho de poder considerarlo real y con vida dentro de su mundo.  Aunque no hace daño tampoco que le agregue atención y ayude a atraer al espectador.
Me parece que al momento de desarrollar un personaje de la nada, no existen factores genéticos o vivencias trascurridas que definan el carácter, sólo se cuenta con la idea del animador y los elementos que éste quiera añadir para desarrollarlo y crear su personalidad. Es por esta razón que es importante tener una noción de dónde se forma la personalidad, un trasfondo que el espectador puede o no descubrir en la animación pero que ayuda al animador a saber cómo y porqué cada personaje reacciona de determinada manera.
No se trata de qué hace el personaje sino de cómo lo hace, que demuestre cualquier tipo de rasgo reconocible en cada uno para considerarse con vida. Es entonces deber del animador conocer a su personaje, entenderlo, ser él, con el fin de dotarlo de una personalidad propia sin importar que se trate de animales, seres humanos, objetos, símbolos o elementos tipográficos.
El espectador está acostumbrado a ver personajes humanos en situaciones humanas, pero los personajes de animación no suelen comportarse de forma exactamente humana sino que tienden a exagerar, simplificar o distorsionar las acciones y reacciones con el fin de conseguir efectos más dramáticos o cómicos, para que se entienda sin lugar a dudas cual es la situación que se presenta tanto fuera como dentro del mismo.
La búsqueda del personaje, si bien se inicia con una interiorización, lejos está de concluir allí, por lo que es necesario abarcar el problema desde diferentes perspectivas.
El carácter es la expresión unitaria del funcionamiento de la persona, tanto a nivel psíquico como somático. Es la actitud fundamental con que ésta se enfrenta a la vida. Describe una realidad objetiva y puede ser observado con más facilidad por otros que por uno mismo.
Lo principal del carácter es que representa un modelo de comportamiento o una tendencia habitual, un modo de respuesta fijo, congelado o estructurado, y posee una cualidad característica que lo distingue como el sello de la persona. En este sentido toda estructura de carácter es patológica. Por esto el análisis del carácter no es una interpretación subjetiva de características, es un estudio sistemático, a través de la observación, del comportamiento de una persona. 2
La caracterización de los personajes es una pieza esencial en todas las artes del espectáculo. Es como una máscara que oculta al actor como individuo, permitiendo que revele los detalles más íntimos y pícaros de su espíritu. Cada movimiento de los músculos de la cara tiene tras de sí un mecanismo sumamente interesante, pero la idea de que dicho movimiento se conjugue con otros formando nuevas ideas resulta intrigante. Los gestos del rostro forman un código de comunicación tan sencillo y complejo a la vez, dado que por un lado son reacciones físicas en muchos casos involuntarias pero al mismo tiempo conforman un sistema de significantes y significados reconocibles, ya establecidos con antelación.
Es por ello que entender el carácter del personaje, y si es posible formar un vínculo empático, puede ser el factor que separe un éxito de un fracaso.
No existen fórmulas, ni pasos a seguir a la hora de construir un personaje. Sólo puntos de partida, elementos a tener en cuenta. El trabajo del animador, tanto como del actor, es leer detenidamente el script, estudiar el storyboard y tratar de meterse en el personaje. En otras palabras, buscar los sentimientos internos del personaje y usarlos un tiempo como si fueran los propios con el fin de conocer y comprender al personaje.
Un actor puede decir la misma frase utilizando expresiones diferentes y apoyándose en una entonación diferente consiguiendo cambiar el significado que se trasmite. Un ilustrador o un historietista no cuentan con la posibilidad del sonido y necesitan realizar una expresión lo suficientemente marcada sobre la emoción que pretenden representar. Así la animación, como antes ya he mencionado, trabaja bajo la fusión del dibujo y la actuación como herramientas y por tanto necesita ese resaltar las expresiones que pretende trasmitir y a la ves hacer un trabajo fluido y creíble.
Un buen actor no inventa o finge su actuación, sino que la descubre en sí mismo y la proyecta al espectador. Y aunque el animador se enfrenta no sólo a entender las emociones del personaje sino también a poner esa experiencia sobre la animación, es parte de su labor tanto como el  hacer que se mueva.
Los grandes actores entran en un cuarto y la habitación entera se detiene, sin importar el tipo de película u obra que se esté realizando. La presencia está ahí ya sea que no hagan muchos movimientos o que gesticulen mucho. Es lo que todo actor y animador buscan lograr. Por tanto, los animadores, como los actores, necesitan una especie de guía o clase donde se puedan enfrentar a retos. Obviamente no igual a los actores pues unos se enfrentan al público cara a cara mientras los otros se enfrentan al papel y mucho después es que ven los resultados de su trabajo.
Hay muchas maneras de entender el trabajo que realizan los actores, pero todas llevan un poco de la disciplina que realice quien la escribe. Un buen ejemplo es la siguiente definición de Preston Blair, dotada de su trabajo como animador.
“El actor aprende el oficio - como caminar o moverse siempre con un significado - para nunca hacer una pausa a menos que tenga una razón para ello - cuando hace una pausa, pausa, siempre y cuando se puede... mantenga un gesto siempre cuanto sea posible para que lo registren y se asimile. 3
No es que la definición del actor sea buena o mala sino que está dotada de la visión del animador. Se puede distinguir claramente la búsqueda del reconocimiento de la intensión, del trabajo arduamente pensado para un fin. Pero el punto es que la actuación es más fluida e instintiva, cada representación hecha es diferente a la anterior y por tanto no es posible, como lo menciona Blair, hacer pausas o mantener los gestos para que el público lo asimile. El actor vive su papel.
Si bien es cierto que la animación tiene aún mucho que crecer para alcanzar a las actuaciones en vivo y a la gente real cuando hablamos de expresar emociones. Aunque sea sólo por el hecho de que lleva un largo tiempo hacer 10 segundos animados y 10 segundos actuarlos. Pero claro, no se trata únicamente del tiempo que se requiere para hacerla sino del trabajo mismo; no por demeritar la labor del actor pero está simplemente recreando algo que ha experimentado de una manera u otra y que por lo mismo ha expresado con su cuerpo y su cara, pero el animador necesita codificar esa experiencia sobre un objeto diferente a sí mismo.
En los cursos de actuación te enseñan a permitir la expresión física no a causarla. Es un asunto interior no externo, los impulsos internos como las emociones expresándose externamente a través del cuerpo y las palabras.
Por lo mismo, normalmente nos apoyamos en las expresiones más simples de las emociones más básicas porque son las que se reconocen con mayor facilidad universalmente. Aunque claro, de vez en cuando aparece algún animador que se aventura en una actuación más específica, que por su dificultad suele dejarse para grandes expertos o animadores independientes con mucho tiempo. Ahora bien, cualquiera que sea el caso, es necesario primero comprender los elementos que permiten crear la expresión y cómo conectar una con otra tanto como cada parte respectivamente.
Un hecho que no se puede ignorar es que el público forma juicios de personalidad con los datos que el personaje le presenta a través de sus acciones sin importar que esté diciendo. Como prueba del poder receptivo de la visión es que podemos ir viajando en el metro con los audífonos puestos y a la vez analizar a las personas rápidamente sólo con observar sus movimientos, lo que traen con ellos, sus expresiones, etc.


El proceso de creación del personaje es distinto en cada actor. Algunos se acercan a la obra con cierta frialdad y hacen un análisis frío, exacto de su papel, mientras que otros crean el personaje de manera subconsciente o intuitiva.

La animación en cambio va más enfocada sobre la escuela formal. Esta escuela formal busca claridad, estructura, unidad, estilización del trabajo del actor, que incluso puede llegar a parecer una interpretación musical. Es decir, domina el trabajo estructurado, planeado, sobre la espontaneidad emotiva. Del mismo modo la animación plantea toda la acción de antemano con el fin de desarrollarla completamente.

En base a esa planeación imaginaria podemos eliminar o agregar alternativas, según sea más útil a lo que se pretende expresar. Es extraordinario ver cómo, de un modo espontáneo e inconsciente o, por el contrario, muy presente, disponemos en nuestra mente de un plató en el que podemos rodar esas «películas» que nos preparan los diseños que aun no se han producido. Siendo esto lo que nos permite, tanto evitar errores como posibilitar aciertos.

Ahora bien, centrándonos en la animación, se pueden distinguir dos grandes fuentes de expresión. Por un lado están los artistas independientes que prefieren la expresividad a través de la experimentación que aprovechar conceptos preconcebidos, y por el otro los animadores de la industria que al tener fechas de entrega mucho más rígidas necesitan dominar los esquemas más directos y comprensibles para la audiencia aunque por ello dejen de lado su propia expresividad.

No se tiene bien definido si el animador es una especie de actor o simplemente un narrador visual, pero el hecho de crear al personaje debería considerársele como tal. Si bien es cierto que el animador está narrando las hazañas sobre el papel como lo haría un escritor, también se encuentra de cierto modo viviéndolas él mismo. Animar no se trata solamente de dar movimiento sino de crear vida a través de dicho movimiento. El animador no se encuentra simplemente moviendo el brazo con un lápiz en la mano dibujando, se encarga de traducir las palabras del script y las imágenes del storyboard en acciones creíbles (aunque se trate de una acción imposible). Para ello necesita tener un amplio vocabulario de movimientos, expresiones y gestos a los cuales recurrir para las diversas situaciones con las que se pueda enfrentar.
Es obvio que un animador no es totalmente lo mismo que un actor puesto que el personaje que se proponen representar no será visto de la misma manera. Por un lado, el actor pasa años perfeccionando sus habilidades frente a una audiencia mientras que por el otro el animador se mantiene oculto tras sus personajes. Por otro lado, los estudios que realiza el actor lo llevan a buscar las emociones en sí mismos y los animadores realizan estudios buscando a su alrededor las emociones. Un tercer punto de diferenciación es que los actores tienen que realizar los movimientos y emociones en ellos mismos mientras los animadores pueden hacerlo como un ejercicio de apoyo para representarlos en el personaje.
No sé si tomar clases de actuación resulte útil o no a un animador pero definitivamente no le perjudicaría en nada. Tal vez los animadores necesiten un enfoque un poco diferente a la hora de acercarse a la actuación pues no es exactamente lo mismo expresar algo que representarlo gráficamente. Sin embargo, ambos necesitan comprender el movimiento expresivo antes de ponerse a trabajar.
De muchos y diversos recursos puede uno ayudarse, pero la conclusión es una sola: No se trata de establecer una fórmula mágica sobre la buena actuación en animación, porque no existe. Cada animador y cada animación tienen su propia actitud y método de enfrentarse a la tarea de darle alma. Se trata de elevar el interés de los animadores, aunque sea un poco, sobre la actuación necesaria en la animación y sus elementos de trabajo. La actuación es un proceso, y no existen los atajos.


1.     Gómez Molina, Juan José; La representación de la representación; Ed. Catedra; España 2007; pág. 151
2.     Lowen, A., El Lenguaje del Cuerpo, Ed. Herder, Barcelona, 1988
3.     Blair, Preston. How to Animate Film Cartoons. California, 1990. Walter Foster Publishing. 14p.p

On and On
20 seg.
Animación 2D digital